Las personas somos como el arte, causamos alguna impresión o entramos al corazón de otro por la interpretación que ese otro le da a nuestra apariencia o a nuestra esencia independientemente de que lo que ”somos” o queramos transmitir no tenga que ver con dicha interpretación. Algunos transmiten, otros no… o no es eso, nuestra esencia le llega al otro por simple añadidura así como un cuadro o alguna pieza de arte le llega al espectador que la admira, la siente y le da ese valor de la interpretación que le inyecta satisfacción instantánea al verla.
Casero